NOTA DE OPINIÓN: CON LA MISMA VARA

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Me parece bien que la prensa sea rigurosa con Boca. Es inadmisible que un club con seis Copas Libertadores, tres Intercontinentales y semejante grandeza, se vaya de una vidriera como el Mundial de Clubes, sin ganarle a un conjunto semiprofesional como el modesto Auckland City. Además, lleva tres años sin conseguir lauros importantes y dos temporadas sin jugar la Copa Libertadores.
Entonces les caben las de la ley a los dirigentes, integrantes del Consejo, a los diversos cuerpos técnicos que pasaron y a los futbolistas. Por tal motivo, nada que decir al respecto, debido a que la gestión deportiva es mala.
Lo que es inadmisible es el irrespeto de Liberman, quien abandonó cualquier práctica de buen periodismo, al asegurar que «el hincha de Boca tiene que joderse por haber votado a Riquelme» y ni hablar de los calificativos repudiables de Anello, quien trató hace tiempo al presidente de Boca de negro, marrón y tantas otras cosas, haciendo alarde de su pobreza humana, de la xenofobia, el odio de clases y el fascismo que lo caracterizan.
Eso por un lado y por el otro, me gustaría que evalúen con la misma vara a River. Que también protagonizó un fracaso bastante rotundo en este Mundial de Clubes, donde ganó solamente un partido, no pudo vencer a Monterrey, compitió bien apenas un rato contra Inter y no pudo pasar una zona bastante amigable con un equipo de Asia y otro de la Concacaf.
Aparte vale señalar, que desde que llegó Jorge Brito a la presidencia del Millo, también su gestión tuvo muchas sombras. Solamente ganó la Liga de 2023, bajo el paraguas de Demichelis antes de que se le pudriera el vestuario, en su último gran pico de rendimiento y luego todas pálidas. Eliminado de las Copas de la Liga del 2023 y 2024 a manos de Central y Boca respectivamente, no fue competitivo en la Liga del 2024 y en el Torneo de 2025, lo sacó Platense en el Monumental por penales y en un partido que, de no ser por el tendencioso arbitraje de Falcón Pérez, seguramente lo habría perdido en tiempo regular. A la cuenta, podríamos agregar también la escandalosa eliminación a manos de Temperley en Copa Argentina.
Mientras que, en el plano continental, pasó sin pena ni gloria. Se fue en los octavos de la Libertadores de 2023, luego de que Inter lo deje en el camino por penales y no compitió en las semifinales del año anterior, cuando Atlético Mineiro le ganó con muchísima claridad.
Encima con algunos mercados de pases bastante polémicos, como aquel en el que se pagaron 12 palos por Villagra que ni jugó. No obstante, todo esto se dice poco, porque el presidente de River es una cara amable para el poder establecido. Lo mismo que Francescoli y Ponzio, quienes para el periodismo hegemónico deportivo son figuras más simpáticas que Cascini, Serna, Delgado y Bermúdez (con quienes no concuerdo en casi nada).
También me resulta muy llamativo (aunque no me sorprende), cuantas vueltas dan algunos colegas para mencionar a Marcelo Daniel Gallardo. Un tipo a quien admiré como jugador y a quien considero como una de las grandes apariciones de los últimos 15 años en la dirección técnica. Al nivel de Scaloni y de Simeone, quien también anda ahora un poco a los tumbos.
Pero en honor a la verdad, en el último tiempo Gallardo no ha logrado darle ese valor agregado a sus equipos, como lo hizo en su primer ciclo al Frente de River, donde se convirtió en Napoleón. Ya desde el 2019 luego de la final perdida ante Flamengo que viene en caída, en realidad.
En 2020, se le escapó el campeonato con el Boca de Russo. Un torneo que parecía tener en sus manos. En la Copa Libertadores de ese año se regaló y perdió feo en cancha de Independiente frente a Palmeiras. Fue una derrota tan severa, que empañó la reacción que tuvo en Parque Antártica ante el Verdao.
Posteriormente, en la Libertadores del 2021 (año en que consiguió en ls Liga doméstica su último título importante, gracias a un gran Julián Álvarez y al notable rendimiento de Enzo Fernández), cayó sin atenuantes ante el Mineiro en cuartos y peor fue lo del 2022, ya que lo eliminó Vélez en octavos de final.
Para colmo en esa temporada, no peleó los torneos locales y perdió en los dos Superclásicos frente a Boca.
El resto es historia conocida. Paso adverso por el Al Ittihad, donde chocó con Benzema y ahora a pesar de los campeones del mundo que el pidió, por caso: Montiel, Acuña y Pezzella, más la aparición fulgurante de Mastantuono y la llegada de Castaño, no le pudo dar funcionamiento y solidez a una estructura como la del Millo, que hasta el momento amagó, pero no despegó.
Sin embargo, parece que expresar ésto en algunos medios cuesta. No vaya a ser cosa que el Muñe los mire mal en la conferencia de prensa.
En consecuencia, uno no pide que se le baje el precio al presente deportivo de Boca. Lo que, si pretendo, es que se aborden con la misma agudeza los traspiés de River, de Jorge Brito y de Gallardo. Algo que tampoco sucedió cuando el presidente de Boca era Angelici, en aquellos momentos donde el Xeneize terminó anteúltimo en el Torneo de 2013, fue goleado por San Martín de San Juan, se contrató a Hurtado, Chávez y Grana, y el club de la ribera se cansó de perder contra River.
EDUARDO RONCO

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